Wednesday, October 24, 2012

"EU: el negocio de la democracia" (Revista Proceso, 21 de octubre de 2012)

Las campañas presidenciales en curso en Estados Unidos confirman que el sistema político estadunidense no debe fungir como modelo de referencia para nadie. Allá no existe el voto directo para elegir presidente de la República y los dólares cuentan más que los ciudadanos. El bipartidismo institucionalizado y la interminable reelección legislativa imposibilitan debates verdaderos sobre asuntos cruciales, como la desigualdad, el racismo y la corrupción. Tampoco existen organismos autónomos o tribunales electorales que organicen y califiquen las elecciones.

Las elecciones de 2012 están destinadas a ser las más caras en la historia de Estados Unidos. De acuerdo con datos de la organización Open Secrets (http://www.opensecrets.org), se estima que una vez concluido el proceso electoral todos los candidatos y precandidatos juntos (se encuentra en disputa no sólo la Presidencia, sino además una tercera parte del Senado y toda la Cámara de Representantes) habrán gastado casi 6 mil millones de dólares (casi 80 mil millones de pesos) en sus campañas.

Por sí solo Barack Obama ya ha recaudado casi 500 millones de dólares (unos 6 mil 500 millones de pesos), y en estos últimos días Mitt Romney está rápidamente cerrando la brecha. El pasado martes el candidato republicano erogó en un solo día la friolera cantidad de 13.6 millones de dólares para una sola semana de anuncios televisivos en apenas nueve estados del país.

En los hechos no existe un tope para el gasto de los candidatos presidenciales en Estados Unidos. Solamente hay un límite en caso de que el candidato correspondiente acepte financiamiento público para su campaña. Pero desde 2008 Obama se negó a recibir este apoyo para poder recaudar libremente y gastar sin límite alguno. En 2012, ambos candidatos han repetido esa estrategia...
 
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