Monday, April 26, 2010

"Propaganda narco" (Revista Proceso, 25 de abril de 2010)

En su esfuerzo por “hablar bien de México”, el presidente Felipe Calderón llegó incluso al extremo de promover la imagen internacional de los narcotraficantes mexicanos. El vienes 16, en su discurso en un foro internacional del sector turístico, señaló: “Más de 90% de esos (22 mil) homicidios y ejecuciones, según lo hemos venido catalogando, obedecen precisamente a la lucha de unos cárteles contra otros”. Antes, a principios de febrero, Calderón ya había manejado datos similares en una entrevista con The Washington Post y la revista Newsweek. En aquella ocasión declaró: “Probablemente 90% de esa gente (asesinada) estuvo vinculada al crimen organizado de una u otra manera”.

De acuerdo con Calderón, la industria del crimen organizado contaría con un sistema de inteligencia e investigación que supera a los peritos más adiestrados del FBI. Los narcos solamente matan a los culpables y casi siempre dan en el blanco correcto. Por lo tanto, los inversionistas extranjeros no tienen nada de que preocuparse: nuestros criminales son personas razonables y sensibles que saben elegir a quien matar.

Desde este punto de vista, los cárteles de la droga le estarían ahorrando el trabajo al gobierno mexicano. En lugar de tomar la larga y complicada ruta de profesionalizar los ministerios públicos y fortalecer los poderes judiciales del país, resulta mucho más eficiente dejar la cancha abierta para que los grupos rivales se maten entre sí. Ello generaría una suerte de “limpieza social” sin que el gobierno tenga que responsabilizarse directamente por los asesinatos de los supuestos delincuentes.

Artículo completo disponible en:

http://www.tribunadeloscabos.com.mx/newpage/index.cfm?op=por&recordID=95853&seccion=Opinion (Tribuna de los Cabos)

http://www.tribunacampeche.com/index.php?option=com_content&view=article&id=19731:propaganda-narco&catid=29:editorial&Itemid=50 (Tribuna de Campeche)

Monday, April 19, 2010

"La Comuna: del modelo al módulo" (La Jornada, 19 de abril de 2010)

El futuro del país se juega en el destino de los más de 7 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, los famosos ninis. Es impostergable el desarrollo de nuevas políticas públicas que canalicen el gran potencial de este rebosante ejército de ciudadanos marginados del desarrollo nacional. De otra forma, nuestros jóvenes seguirán alimentando las filas del narcotráfico y la delincuencia organizada, que tanto daño han hecho al país.

Las típicas políticas juveniles asistencialistas que sólo ofrecen una forma edulcorada del famoso “pan y circo” se encuentran en bancarrota. Los numerosos conciertos, concursos, pasarelas, bailes, tarjetas de descuento y estériles conferencias, que año a año son organizadas tanto por el Instituto Mexicano de la Juventud como por sus homólogos en las entidades federativas, de poco han servido en la urgente tarea de ofrecer alternativas para superar la situación de explotación, olvido y falta de oportunidades de la juventud.

En el Distrito Federal, tanto las nuevas preparatorias públicas como la Universidad de la Ciudad de México representan un avance importante. Las becas que ofrece el Gobierno del Distrito Federal a la población juvenil también son un aliciente importante. Sin embargo, el desprecio que las autoridades de la ciudad han demostrado hacia uno de sus programas juveniles más innovadores revela que incluso en la capital en movimiento es necesario un mayor compromiso con este grupo tan estratégico para el desarrollo nacional.

Artículo completo disponible en:
http://www.jornada.unam.mx/2010/04/19/index.php?section=opinion&article=026a1pol

Sunday, April 11, 2010

"Justicia interamericana" (Revista Proceso, 11 de abril de 2010)

En los próximos meses, la Corte Interamericana de Derechos Humanos tendrá una nueva oportunidad histórica para exigirle cuentas claras al Estado mexicano. A finales del año pasado, con sus resoluciones acerca de la desaparición forzada de Rosendo Radilla y los feminicidios de Ciudad Juárez (caso “Campo Algondonero”), emitió un claro mensaje en contra de la impunidad. Ahora, con la revisión de los casos de Inés Fernández y Valentina Rosendo, el 15 de abril y el 28 de mayo, respectivamente, tenemos ante nosotros una nueva coyuntura que finalmente podría meter en cintura a las fuerzas militares de México.

En hechos separados durante 2002, las indígenas me’phaa Inés Fernández y Valentina Rosendo fueron violadas por soldados que laboraban en tareas de “contrainsurgencia” en los municipios de Ayutla de los Libres y Acatepec, Guerrero. La justicia fue negada a las dos jóvenes, entonces de 24 y 17 años, ya que las autoridades no les prestaron el apoyo adecuado ni cumplieron con sus responsabilidades constitucionales.

El Ministerio Público, primero, se negó a investigar a fondo las denuncias interpuestas por Inés y Valentina, y, finalmente, se declaró incompetente. Una vez más, se aplicó de manera irresponsable el artículo 57 del Código de Justicia Militar, que define como un “delito contra la disciplina militar” y, por lo tanto, justiciable por los tribunales castrenses, cualquier acto que sea “cometido por militares en los momentos de estar en servicio o con motivo de actos del mismo”. Como era de esperarse, en el ámbito de la justicia militar el caso simplemente no ha avanzado y los delitos han quedado impunes.

Artículo completo disponible en: http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/78401

http://www.suracapulco.com.mx/opinion02.php?id_nota=6093 (El Sur de Acapulco)

http://www.tribunadeloscabos.com.mx/newpage/index.cfm?op=por&recordID=94893&seccion=Opinion (Tribuna de los Cabos)

Monday, April 5, 2010

"García Luna: la prueba de fuego" (La Jornada, 5 de abril de 2010)

Dos años y 5 mil muertos después de haber iniciado el Operativo Conjunto Chihuahua, Felipe Calderón finalmente ha aceptado la triste realidad del fracaso de su estrategia de militarización de la seguridad pública. Este mismo lunes, el general Guillermo Galván entregará a Genaro García Luna el mando en Ciudad Juárez y con ello dará inicio el relevo paulatino de los soldados que patrullan las calles de esa ciudad por agentes de la Policía Federal (PF).

El tiempo ha demostrado que los militares ni saben ni pueden ni quieren convertirse en policías preventivos. Hace dos semanas, Janet Napolitano tuvo un momento de lucidez cuando afirmó que las fuerzas castrenses “no han ayudado en nada” a resolver la grave crisis de esa ciudad fronteriza. Ciudad Juárez es hoy un caso ejemplar a nivel internacional del craso error que significa la implementación de una estrategia que solamente ha provocado mayor violencia, impunidad y corrupción.

Sin embargo, el cambio de chalecos olivos por chamarras azules no resolverá el problema por sí solo. El fracaso en la lucha contra el crimen organizado ha sido principalmente una derrota de la policía federal, no de las fuerzas armadas. La propaganda oficial busca vender la idea de que la PF está integrada por un conjunto de robocops armados hasta los dientes, con conocimientos sofisticados en inteligencia criminal e intachable honorabilidad. Pero los resultados desnudan una realidad totalmente distinta.

Artículo completo disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/05/index.php?section=opinion&article=016a1pol

Friday, April 2, 2010

"El ¡Ya Basta! del norte" (Revista Proceso, 28 de marzo de 2010)

México ha vivido tres sombríos lustros sin que la sociedad civil haya podido conseguir victorias palpables. Desde el movimiento que surgió en 1994 a raíz de la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, no hemos vuelto a percibir procesos en los que las fuerzas sociales logren imponer la agenda política y conducir el debate nacional. Sin embargo, hoy como nunca tenemos ante nosotros una coyuntura similar a la de 1994, en la que un nuevo levantamiento social tendría la fuerza suficiente para arrebatar de la misma clase política de siempre el control sobre el destino del país.

En esta ocasión, el terreno más fértil para el despertar de este movimiento renovador de la política nacional proviene de la frontera norte. En lugar de la nueva versión del Ejército Libertador del Sur, hoy podríamos estar en la antesala de la articulación de otra dorada División del Norte.

En 1994, Chiapas y los estados del sur resentían con mayor crudeza los efectos del abandono del campo y el sometimiento de las tradiciones indígenas debido a la imposición del modelo neoliberal a partir de los años ochenta. Hoy, Ciudad Juárez y otras ciudades norteñas desnudan de manera particularmente dolorosa las contradicciones de la “inserción” de México en el “mercado global”, que envía cada vez más mexicanos al subempleo maquilador y al extranjero para trabajar como “ilegales” en condiciones infrahumanas.


Artículo completo disponible en: http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/77938